Todo es cuestión de actitud…

Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. TodoTodo es cuestión de actitud. es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud.Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo me importa una puta mierda. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud. Todo es cuestión de actitud.

 

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Cosas que odio…

  1. Odio soltar una parrafada y recibir una única respuesta monosilábica o una interjección graciosa (jajja, jeje, jijiji) o una mezcla de ambas. La verdad es que odio recibir ese tipo de respuestas independientemente del tamaño de mi mensaje inicial.
  2. Odio que no me respondan cuando pregunto algo. Odio  parecer invisible.
  3. Odio que mis preguntas se respondan con otra pregunta.
  4. Odio las faltas de ortografía.
  5. Odio que me pregunten cosas obvias. Me explico: acabar  de llegar y que te pregunten:«ya has venido?» Pues mira no, soy un holograma.
  6. Odio que los móviles tengan la opción de reproducir un sonido por cada letra que se escribe  un mensaje. Odio los sonidos de envío y recepción de mensajes en general.
  7. Odio, a pesar de lo mencionado anteriormente, la dependencia que todos tenemos de esos jodidos aparatitos.
  8. Odio ir a comer/cenar con alguien que está mas pendiente del teléfono que de la comida en si. Quedémonos mejor cada uno en su casa.
  9. Odio estar rodeada de mucha gente y sentirme sola.
  10. Odio que invadan mi espacio vital sin mi permiso, de la misma forma que odio que no lo hagan cuando mando continuas señales de que me gustaría que se invadiera.
  11. Odio que mi buena disposición, que no disponibilidad, no sea correspondida.
  12. Odio los silencios cuando yo quiero hablar. Odio mis silencios cuando la gente me habla y no sé qué decir.
  13. Odio esperar demasiado de la gente.
  14. Odio esperar de menos.
  15. Odio dar consejos que no me aplico.
  16. Odio no decir lo que me molesta.
  17. Odio no encontrar mi sitio.
  18. Odio posponer todos mis propósitos.
  19. Odio que las cosas acaben sin haber empezado.
  20. Odio lamentarme y esperar un milagro
  21. Odio que me molesten las ametralladoras de preguntas que algún día echaré de menos.
  22. Odio odiarme.
  23. Odio los domingos de resaca llorona en que odio todo.

Un domingo de Enero de 2017

El lápiz mágico

Mil veces le habían dicho que no lo hiciera y mil veces lo había vuelto hacer. Siempre ocurría de la misma manera: primero cogía su gran taza de café y acto seguido sacaba el lápiz mágico de la funda en la que lo guardaba, junto a las fotos de Andrea y otros olvidos que siempre recordaba. Eran tantos los que le habían dicho que no debía hacerlo; sus hijos, sus amigos y hasta la psicóloga… A sus años, llevar la contraria a tanta gente casi le parecía una temeridad. Pero,  ¿qué sabían ellos? Se sentó, sorbió de su taza caliente y lanzó un suspiro ante la hoja en blanco. Entonces volvió a escribir el primer verso, palabra a palabra:

“Ella, sólo aire en la mañana”

Así es como comenzaban todos sus poemas y así lo seguiría haciendo para cumplir su promesa. Al fin y al cabo sólo necesitaba una hoja en blanco y aquel  lápiz mágico para volver a tenerla a su lado.

L.B.

La Char*i y el Vagabundo

De los creadores de La Dama y el Vagabundo y, con la colaboración de la actriz protagonista de ‘Cosas que sólo me pasan a mí”, llega: Episodio IV: La Chari contraataca: el Vagabundo.

Aburrida como estaba en aquella mañana soleada de no recuerdo qué año, me dispuse a dar una vuelta por mi ciudad natal. Carretera y manta, y en cosa de media hora, que es lo que se tarda en llegar desde mi pueblo, ya estaba yo, sin perder la concentración al volante disfrutando del magnífico skyline ante mis ojos: puente romano y catedral.
No soy muy paciente a la hora de buscar aparcamiento, así que decidí no andarme por los cerros de Úbeda, en Salamanca, y llevé el coche a un parking del centro. Como el tiempo acompañaba, dejé la mayoría de los bártulos en el buga, salvo la tarjeta de débito, el DNI y las llaves. Libre de cargas. ¡Buena idea!
Subi un par de tramos de escaleras y ahí estaba yo, in the middle of Campillo Square, eufórica perdida. Comencé a caminar sin rumbo. Calle Toro abajo, calle Toro arriba, la inmensidad de la Plaza Mayor se alzaba ante mí y, mientras intentaba grabar de nuevo en mi memoria todo su esplendor, me olvidé de todo lo demás por unos instantes.
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No pasaron ni cinco minutos y mi yo interno me dijo que ya había estado demasiado tiempo haciendo nada y decidimos que era hora de volver al pueblo. Conseguí no hacer gasto alguno y, paradójicamente, eso no contribuyó a mejorar mi humor.
Y volví sobre mis pasos hacia el parking.
En la puerta del acceso peatonal, encontrábase un hombre pidiendo limosna. Era muy agradable al trato, puesto que saludaba con un buenos días o un buenas tardes, según procediera, y con una amplia sonrisa de oreja a oreja.
Pero a mi los cables ya se me habían cruzado y, lejos de apreciar su gesto buenrollista, lo mal o (bien)interpreté como un chantaje emocional para conseguir unas monedicas y en mi cabeza me oí decir:

Ni de coña te voy a dar un puto euro.

Y más ancha que pancha pasé de largo. Me quedé frente a la máquina expendedora de tickets de parking, que estaba a un metro escaso de la puerta, dispuesta a comenzar el procedimiento de todos ya conocido.

Tomando como base lo relatado anteriormente, os voy a hablar, a partir de ahora, de un hecho empírico, una verdad absoluta: el karma existe

Tomé la tarjeta del parking de uno de mis bolsillos del pantalón, busqué la ranura oportuna y la introduje «sin temor al que dirán». Marcaba 1, 90 €. Sólo 1.90 €.
Metí la mano derecha en el bolsillo del pantalón. Estaba segura de que tenía algo de calderilla siempre bienvenida en estos casos. Nada había en el bolsillo derecho. Probé con el izquierdo. Tampoco. Sudores fríos empezaban a surcar mi frente y a rizarme el flequillo, cosa que, dicho sea de paso, odio profundamente.
Por instinto temerario y a la velocidad de la luz mis manos iniciaron sendos viajes hacia mis posaderas. Dinero ‘tié que haber’ -pensaba yo. Cada vez hacía más calor. Se hacía más y más difícil respirar y, como efecto secundario, más difícil pensar con claridad.
Pero no. No había donde rascar. Solo estaban las llaves, DNI y tarjeta de débito.
La pantalla sólo me mostraba1.90. Yo, en medio de mi caos mental, seguía tocando y hurgando cualquier zona susceptible de contener algo de dinero suelto. El tiempo pasaba lentamente. Los segundos parecían horas.
Habiendo transcurrido la friolera de 30 horas (segundo arriba, segundo abajo), y ante la perspectiva de que se formara tras de mí una cola de gente esperando para canjear su ticket de parking, sólo tenía claras un par de cosas o tres en forma de pensamientos recurrentes: la máquina de los cojones no tenía botón de cancelar y necesitaba recuperar mi papeleta (no veía persona física y currante del aparcamiento en cinco metros a la redonda q me pudiera ayudar).
La máquina (de los cojones) no tenía a la vista una ranura para las tarjetas de crédito y al no pagar, no podía recuperar la tarjeta de parking, y no podría sacar el coche. Pero no veía botón de cancelar, no había persona física currante del parking en cinco metros a la redonda y cada milésima de segundo q pasaba aumentaba la probabilidad de que se formara cola.
Y así estaba yo, metida en un bucle infinito conmigo misma. Las opciones eran mínimas, sólo una, pero moralmente inviable: mendigar al mendigo.Mendigo al que minutos atrás, le había negado mi ayuda, que bien es cierto, y según lo relatado, no tenía cómo.

Asume y digiere,

pensaba. Frase que me contaron una vez y no he olvidado, que saco siempre que puedo a colación y que trae consigo una gran lección de vida:

Hay que aprender a aceptar tus errores y sus consecuencias, resurgir de tus cenizas cuál ave fénix y aunque la suerte no esté de tu lado hay que «seguir nadando» como bien nos enseña Dori, la pececilla despistada, en Buscando a Nemo.

Tragué saliva. Y con el rabo (de zorra) y el orgullo entre las piernas, me acerqué al mendigo sonriente.
Como no pude abordar el tema directamente, le pregunté si sabía cómo podía recuperar mi tarjeta del parking, que estaba dentro de la máquina, porque no tenía dinero suelto, ni había botón de cancelar ni nada. Le fui a preguntar a él porque en mi infinita sabiduría, sentido común y desesperación del momento, pensé que, mendigo como era, y dada su estratégica localización, tendría su coche aparcado también allí y, además, porque era la única persona en cinco metros a la redonda que podría ayudarme.
Lejos de escupirme en la cara, que sin duda, era lo que me merecía, mostró de nuevo su amplia sonrisa y sus ganas de ayudar. Se dispuso a darme su recaudación del día, que escasamente alcanzaba el euro.
Yo no podía más de la vergüenza. Ya no solo se me había rizado el flequillo, sino que tenía la cara, el cuello, las manos bañadas en sudor. Le veo entonces meter las manos en los bolsillos y sacar un montón de monedas (la rebelde q llevo dentro gritó para si:joder con el mendigo, si que sabe rascar) y fue insertando una a una hasta poner a cero la cuenta y diciéndome suave y sosegadamente, que me tranquilizara, mientras yo no paraba de dar las gracias y decirle q se lo devolvería en cuestion de minutos.
Abochornada totalmente, le di las gracias una vez más y con mi tarjeta canjeada fui hacia el coche a rascar por el bolso, la chaqueta, las sillas cualquier rastro de dinero con el que saldar mi deuda moral y monetaria. Encontré un billete de noVoyADecirCuantos€ que bien poco me pareció para compensarle y para mitigar las voces de mi mala conciencia. Y se lo di. Y volvió a sonreír. y a darme los buenos días.

Epílogo: Tiempo después volví al parking en cuestión y ya, con la tranquilidad de la que sabe que tiene todo en orden y dinero suelto en el bolsillo, pude apreciar donde estaba el botón de cancelar. Estos informáticos… qué escondidas ponen las cosas…

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Visto por la red

Sensible como estoy últimamente con las bromas macabras que tiene a veces el destino, dejo una entrada de un blog visto por internet. Sé que no escarmentaré y que volveré a mis paranoias, complejos y tonterías de siempre, pero merece la pena leerlo, una y otra vez…

Por si mañana fuera tarde

20 oct

Cuántas veces hemos escuchado que no tenemos el control sobre nuestras vidas, que las cosas cambian de un día para otro, pero no terminamos de ser conscientes del significado de esas palabras. Si lo fuéramos, estoy segura de que daríamos los buenos días y las buenas noches a mucha gente para la que ahora no tenemos tiempo; haríamos esa llamada, no dejaríamos que pasara un minuto más sin escuchar su voz, sin pronunciar su nombre; nos esforzaríamos, en fin, en transmitir nuestro cariño a aquellos a los que de verdad se lo tenemos, por si mañana fuera demasiado tarde.

Pinterest

Pero no, estamos inmersos en nuestro día a día, sin levantar la cabeza del móvil, pasando páginas de una agenda que echa humo pero que es incapaz de recordarnos lo que es verdaderamente importante. Y, de repente, algo te hace reflexionar, parar en seco, caer en la cuenta de que el tiempo pasa sin importar si estamos al día con los que más queremos.

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No lo permitas, a diario contamos con la oportunidad de pronunciar un “te quiero” o un “perdón” que pueden cambiar el propio presente, o también dejarlo todo como estaba pero con una sonrisa de oreja a oreja en la cara de quien tenemos enfrente, bendita transformación. Nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras miradas tienen un enorme poder para aquellos que las están esperando, no imaginas cuánto.

Pinterest

Abusamos del mañana sin reparar en que lo único cierto es el aquí y el ahora, sin tener en cuenta que sólo son necesarias unas milésimas de segundo para ponerlo todo del revés. Escribiendo estas líneas tengo la misma sensación que tú probablemente tengas al leerlas: Un pequeño escalofrío por el cuerpo, la sucesión de varias caras con las que tengo que ponerme al día y la certeza de que no escarmentaré, que volveré a caer, aunque la teoría está bien clara y se resume en que el tiempo no espera a nadie.

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Cree en los milagros, sueña con lo imposible.

@RocioLacave

 

Superfrases

Sólo pretende ser una recopilación de frases que han creado, en mí, un punto de inflexión en algún momento de mi existencia.

      1. “[…] pensé en la infinidad de cosas que había perdido en el curso de mi vida. Pensé en el tiempo perdido, en las personas que han muerto, en las que me habían abandonado, en los sentimientos que jamás volverían.”
        Tokio Blues – Haruki Murakami
      2. “Debemos tratar a los demás de manera que, a su muerte, no nos queden remordimientos. Con justicia y, a ser posible, honradez.”
        Haruki Murakami
      3. “[…] será sólo un ratito, será eterno. ”
        Será – Rafa Pons
      4. La muerte no es nada. Yo sólo me he ido a la habitación de al lado. Yo soy yo, tú eres tú. Lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo. Llámame por el nombre que me has llamado siempre, háblame como siempre lo has hecho. No lo hagas con un tono diferente, de manera solemne o triste. Sigue riéndote de lo que nos hacía reir juntos. Que se pronuncie mi nombre en casa como siempre lo ha sido, sin énfasis ninguno, sin rastro de sombra. La vida es lo que es, lo que siempre ha sido. El hilo no esta cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de tu mente, simplemente porque estoy fuera de tu vista? Te espero… No estoy lejos, justo del otro lado del camino… Ves, todo va bien. Volverás a encontrar mi corazón. Volverás a encontrar mi ternura acentuada. Enjuaga tus lágrimas y no llores si me amas.
        La muerte no es nada – San Agustín
      5. Si mañana muriera… no me llores, pues ya pasó mi momento. No me recuerdes si quiera, que la vida no debe encadenarse a recuerdos. No me alabes, que no he reunido méritos. Tan solo piensa en lo que pensé, sentí y viví. Sobre todo, recuerda lo que hice. Y si algo de todo ello te pareciera digno o meritorio… continúa tú mi camino. No te rindas nunca
      6. A veces pienso que el cerebro tiene envidia del corazón. Y lo maltrata y lo ridiculiza y le niega lo que anhela y lo trata como si fuera un pie o el hígado. Y en ese enfrentamiento, en esa batalla, siempre pierde el dueño de ambos.
        De Escrito en servilletas – Cuatro amigos – David Trueba
      7. ¿De que tienes miedo? – De las arenas movedizas.Estás jugando y crees que todo te está yendo bien. Entonces algo te sale mal. Luego otra cosa. Y otra. Intentas luchar contra ello. Cuanto más luchas, más te hundes, hasta que no puedes moverte. No puedes respirar porque estás metido hasta el cuello, como en las arenas movedizas.
        Shane Falco – Equipo a la fuerza
      8. ¿Podrías dejar de pensar en lo que quieren los demás? Olvida lo que quieren los demás,¿tú qué quieres?
        Noah a Ali – El diario de Noah
      9. -¿Cómo se pueden tener unas tetas así con un cuerpo tan menudo?
        – Mi amiga Sofía piensa que los pechos abundantes son un engorro y dice que deberían ser como las pollas, aumentar de tamaño cuando se los requiere y quedarse tranquilitos y de un tamaño razonable cuando no . Pechos retráctiles.
        También esto pasará – Milena Tusquets Busquets
      10. “[…]¿Qué hay de falso en lo que muestro, de cierto en lo que escondo? […]Supongo que debo de estar triste cuando lloro pero hay cosas que se tienen que hacer solo.[…] Porque sé que ya no quiero echar cemento a mis errores sino al miedo. […]”
        Supongo – Rafa Pons
      11. Si pudiéramos rebobinar no perdería el tiempo, ni un minuto más, en tonterías.
        Qué bien se te ve – Mr Kilombo
      12. Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo.Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
        Paulo Coelho
      13. Momento a momento, así es que vivimos ahora. Apreciamos cada día y también le tenemos miedo. Podría ser el último día. Suena chistoso, pero cualquier día te podría atropellar un auto o algo así. Estoy empezando a apreciarlo.
        John Lehnon
      14. Los límites, como los miedos, a veces son simplemente una ilusión.
        Elena Congost
      15. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
        Jorge Luís Borges

      16.  Cuándo huye la suerte,  ¿sabes qué hay que hacer? Sigue nadando, sigue nadando, nadando, nadando.
        Dory – Buscando a Nemo

      17. Besos y abrazos no hacen muchachos pero tocan a visperas.
        Refranero Manchego
      18. […]Y me peleo porque dicen que

        el que algo quiere algo le cuesta
        y ese fantasma no me deja
        y yo me canso de luchar.
        Imaginarte – Lantana (Azul Oscuro Casi Negro)

      19. No sé si alguna vez te has sentido así. Como si quisieras dormir durante miles de años. O simplemente no existir. O simplemente no ser consciente de que existes. O algo así. Creo que querer esto es muy insano, pero es lo que quiero cuando me pongo así. Por eso estoy intentando no pensar.
        Las ventajas de ser un marginado – Charlie
      20. Persona de recursos humanos: “Veo que tiene muy buen curriculum, María de las Montañas… ¿Qué tipo de persona es usted?”
        María de las Montañas: “Pues una persona… normal.”
        Persona de recursos humanos:”¿Y qué es una persona normal?”
        María de las Montañas:”Pues es aquella que… tiene un trabajo, una casa, una pareja, aficiones, vida social, vida familiar, y que es feliz.”
        Persona de recursos humanos:”¿Y usted cree que cumple todos estos requisitos?”
        Requisitos para ser una persona normal
      21. «No se puede querer follar y seguir teniendo el virgo»
        Refranero Popular
      22. No es ayer. Todo parece que es ayer. Es porque el tiempo vuela y no se frena. Y se va y se va. Y no hay manera de robar un instante. […] Despierto y no sé cómo robarle tiempo al tiempo. Cada día, cada noche es un momento. Se escapa y no le robo tiempo al tiempo.
        Robarle tiempo al tiempo – Café Quijano
      23. Y rebobino mi vida buscando tu olor, he leído las cartas que había en el cajón, ¡cómo ha cambiado la vida! ¡y no le falta razón!¿Dónde se fueron las cosas que solìamos hacer?Aún no es muy tarde pa coger el tren, si que merece la pena, que no te quiero perder!
        Aquellas cosas que solíamos hacer —Benito Kamelas
      24. «I don’t want a lover, I just need a friend» – Texas
      25. «Hay que saber ponerle fin a las cosas» – Sergio Rico Salgado
      26. «Algunas veces sólo puedes encontrar el cielo regresando lentamente del infierno» – Carrie Fisher
      27. «Quiero decir que los agujeros negros no son tan negros como todo el mundo cree que son. No son cárceles eternas, como lo creían antes. Tienen una salida y, tal vez, incluso llevan a algún otro universo. Si te sientes como si estuvieras atrapado en un agujero negro, no te desesperes, pues existe una salida» – Stephen Hawking
      28. Nunca te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente tú has hecho lo que querías en tu vida. Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo y el valor de empezar corrigiéndote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error. Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfréntala con valor y acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y prueba que tú siempre has de ganar. No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. No olvides que la causa de tu presente es tu pasado así como la causa de tu futuro será tu presente.  Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo, piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin eliminarlos morirán. Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino. Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es: el pretexto de los fracasados. No culpes a nadie de Pablo Neruda.

 


Pensamientos de Adolescente

A veces ver fotos antiguas no dan una idea exacta de cómo era años atrás. Mejor leer lo que escribía aunque resulte duro comprobar que, en cuanto a inteligencia emocional, no he avanzado mucho.

 Aún así, ha sido curioso, cuánto menos, recordar lo que se me pasaba por la mente en aquellos días cercanos a una Noche Vieja de hace más de quince años. Se dice pronto.

Luces parpadeantes y multicolores se pasean por mi cabeza sin un orden aparente. Entran y salen. Vuelven a entrar y vuelven a salir y mi mente se convierte en un torbellino de pensamientos absurdos e irrelevantes que se escabullen entre las notas de una melodía pegadiza y ensordecedora.

La gente se mueve a mi alrededor. Caderas, brazos y piernas al ritmo de una música ferviente. Esos movimientos descuidados  me invitan a pensar que todo el mundo está enloquecido. Pero yo también estoy loca. Yo también me dejo llevar, sin darme cuenta, por unos sonidos que poco a poco se desvanecen en el aire y que inevitablemente durarán toda la noche.

Los focos fluorescentes reavivan los colores claros y los decoran extravagantemente. La muchacha de la camiseta blanca se siente intimidada cuando todos los chicos observan sin tapujos su esbelta figura.

Aquel chico sentado junto a la barra, tomando una copa, no se da cuenta de que le estoy mirando. Sus ojos, que se transparentan a través de los finos cristales de sus gafas, parecen bolas de un fuego intenso que despide chispas por doquier. Mientras tarareo la letra de una famosa canción no dejo de observarle. No tempo que vaya a descubrirme. Hay demasiadas miradas que le apuntan para que se cruce,  precisamente, con la mía.

quintos

quintos

Le conozco desde siempre. Pero hoy, le miro con otros ojos. Me sugiere pensamientos. Pensamientos que nunca creí poder cultivar. Pero supongo que es lo normal. La adolescencia es así de simple y emocionante: época en la que el corazón nunca se corresponde con la razón – entendiendo como razón todo aquello en lo que deberíamos pensar los jóvenes para que los mayores estén de acuerdo (véase estudios, futuro, educación)-. ¡Cuidado! ¡Qué nadie se aventure a pensar más allá de lo que quiero decir! La postura de los padres me parece lógica y fundamentada pero… yo no quiero ser un portento, ni quiero vivir soñando que puedo ser la mejor en todo lo que haga, principalmente, porque ni es verdad, ni es posible.

“He de librarme del tremendo obstáculo que supone para “saber vivir” estar pendiente de qué dirán y buscar febrilmente la aprobación de los demás, tratando de ser el mejor en todo. Ya es suficiente ser bueno en lo que podamos, tal como expresa Douglas Mallock:

Si no puedes ser pino en la cima de la colina, sé hierba en el valle, pero sé la hierba mejor junto al torrente.
Sé arbusto si no puedes ser un árbol.
Si no puedes ser camino real, sé atajo.
Si no puedes ser sol, sé estrella.
No vencerás por el volumen, sino por ser el mejor de lo que seas”

(Decálogo para saber vivir)

 enCasaDeCris

Sigo bailando. Es algo que me extraña. Yo ¿¡BAILANDO!? Sé que tengo unas dotes bailarinas que dejan mucho que desear. Aún así, hoy he perdido el miedo al ridícula. Mi esqueleto se mueve al ritmo de una música “techno” a la que sigo empeñada en aborrecer. Siempre creí que las rumbas, las canciones románticas o mismamente la música pop se acercaban más a mi personalidad. No obstante, lo sigo creyendo, pero el “pum, pum” que hacía rechinar los dientes y que me revolvía el estómago se convierte ahora en una acumulación de sensaciones extrañas y emociones fuertes. No me refiero a los empujones, a los pisotones o a las ganas de romper un vaso en la cabeza a quién te está dejando los “juanetes” doloridos. Hablo de un cosquilleo que va subiendo desde los pies hasta la cabeza y, cuando alcanza el nivel de las cuerdas vocales, lo único que se le ocurre hacer a uno es gritar, chillar como si del último instante se tratara. Después de haber sacado fuera ese tumulto de emociones un inmenso vacío arde en mi interior. ¿Cuáles serán esas emociones contenidas que sólo son capaces de liberarse con una subida de tensión? No lo sé. Porque, a decir verdad, mi vida no es un guión de una película de acción ni tampoco soy la protagonista de una telenovela rosa, entre otras razones porque mis cualidades físicas y artísticas no estarían a la altura de las circunstancias.

Apenas tengo diecisiete años. Todavía no ha pasado el tiempo suficiente para poder mandar todo al “garete”. Sin embargo, todo parece superficial, ilógico, propio de un mundo ficticio en el que todavía no sé interpretar exactamente mi papel. Mi realidad y la realidad del mundo distan años-luz para coincidir.

Las Wonder

Las Wonder

Estoy harta de los tabúes. Estoy harta de sentirme cohibida al hablar de drogas, sexo con los adultos, de sentirme como un cero a la izquierda cuando la televisión es partícipe de la incomunicación entre padres e hijos. Estoy harta de no poder expresar mis pensamientos de adolescente por miedo a una reprimenda adulta. Estoy harta de una sociedad incompetente en la que se ha impuesto un modelo estético distinto del cual nadie tiene cabida.

Sí, ya sé. Estoy desvariando. Quizá necesite los servicios de un psiquiatra o, tal vez, me falten un par de buenos azotes. Creo que lo segundo es lo más coherente que he dicho hasta el momento, ¿no creen?

Pero están ahí. Son mis ideas y no puedo las puedo cambiar. Ahora no. No quiero cambiarlas. Quiero seguir bailando. Quiero evadirme, por un momento, de las responsabilidades que día a día padres y profesores se encargan de recordarme. Ya he vuelto a liarme. No puedo encontrar la manera de deshacerme de ellas. Con un zarandeo de caderas y piernas, no. Tampoco con la bebida (afortunada o desafortunadamente soy una de esas “raritas” a quien el alcohol ni les va ni les viene).

Le sigo mirando. Ese chico tiene algo que me llama la atención. No se lo puedo decir a nadie. Posiblemente pensarán que mis gustos en cuanto al sexo opuesto se salen se lo común y de lo alcanzable. Pero me gusta. Al fin y al cabo, es a mí a quien tiene que gustar. Siempre lo consideraré como el amor platónico que todo el mundo guarda en su interior. Alquien que posee todas las cualidades que ningún ser mortal es capaz de poseer. Eso es lo más fastidioso de todo: sólo existe en nuestra imaginación. Hacer castillos en el aire es estar expuestos al colapso, ya que éstos no fueron levantados con cimientos firmes. Pero siempre quedará París. Siempre quedarán los sueños.

Si él supiera todo lo que me inspira ¿qué pensaría? ¿Se reiría de mí? No, no voy a atormentarme. Debo estar segura de mí misma. En cualquier caso, si lo hiciera, yo siempre podría excusarle. Tampoco me voy a arriesgar. Perdería toda la magia que me envuelve cada vez que le veo. Ya nada sería igual si hablara con él, si pudiera sentir que me oye, aunque no me escuche, si supiera que me ve, aunque no me mire como yo quisiera. ¡Malditas ilusiones! ¡Malditas sean todas ellas por no hacerse realidad, por provocar más lágrimas que sonrisas aún sabiendo que no se merecen! Las maldigo una y mil veces. Me arrepiento de todo aquello que pudo haber sido y no fue y de mi falta de decisión propia. Soy un animal pero no me gustan los instintos por los que me guío. Más bien, me dejo guiar por los instintos de los demás.

¿Quién diría que ahora estoy divirtiéndome? Parece que estoy pensando en lo que pondré en mi diario cuando llegue a casa. ¡Pero qué digo! Si no tengo diario.

Cada día me sorprendo más de lo que soy capaz de imaginar, cada día pienso cosas más absurdas. Todo aquello que me motivaba hace años parece haberse esfumado. Y yo quiero que esos anhelos vuelvan. Necesito tener algo que mueva mi instinto de progreso.

¿Y de qué me quejo? Esto no es nada comparado con los problemas de los demás, que suelen ser un tanto más peliagudos, nada comparado con lo que mis padres puedan sentir, nada comparado con lo que mis amigos/as puedan pensar. Pero a cada uno le duele lo suyo. Cada uno cree que él es el centro del Universo, que sus problemas son más graves que los de los demás. Perdón, he generalizado demasiado. Más bien,  yo soy quien cree que todo debe girar en torno a mí. El problema es que no gira nada.

Por otro lado, me gustaría vivir en la Prehistoria. Seguramente, allí nadie tendría paranoias existenciales. Sus únicos fines serían comer, dormir y procrear la especie –entre otros- Eso es lo que saco en conclusión de los libros de historia.

Llevo años escuchándolo pero no quería darme cuenta. Tengo miedo. Miedo de salir del regazo de mis padres y saber que voy a encontrarme ante un montón de tentaciones y rompecabezas que habré de resolver yo sola. Tengo miedo de convertirme en un monstruo sin sentimientos pasando de todo, pasando de todos. Tengo miedo de saber que no habrá nada que me importe lo suficiente y arrojaré la toalla.

cousara

Bueno, ¡ya está bien! Todos hemos de pasar esta etapa de nuestra vida. Muchos habrán tropezado, otros habrán caído pero también están aquellos que han tirado para adelante, que han luchado contra viento y marea desdeñando cotilleos y malas habladurías. Yo, como cualquiera, puedo elegir como vivir mi vida. Sólo espero escoger el camino correcto.

¡Hasta luego sueños y castillos! ¡Hasta luego amores no correspondidos! ¡Hasta pronto, pensamientos!